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Abajo el telón: Las artimañas de la SGAE para vender sus teatros

Abajo el telón: Las artimañas de la SGAE para vender sus teatros

La herencia que Teddy Bautista dejó en la red Arteria todavía sigue prácticamente intacta en la SGAE: teatros que han perdido valor y no se vende y, por el camino, nuevas deudas

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Teatro Lope de Vega de Madrid

Arteria no deja de dar sorpresas”. Estas palabras de Álvaro de Torres en la Junta Directiva de la SGAE de mayo de 2013 describen a la perfección el agujero económico y la nefasta gestión de la megalómana red de teatros impulsada por Eduardo Teddy Bautista. Costó más de 252 millones. “Hay que tener en cuenta que se está hablando del dinero de los autores, un dinero que a veces preocupa mucho y otras veces preocupa menos. Considera que existe un déficit de información y que el consejo asume responsabilidades, en muchos casos, heredadas. No es posible tomar decisiones asépticas”, remacha en diciembre del mismo año Fermín Cabal, según las actas a las que ha tenido acceso El Confidencial. Eso es Arteria, una madeja de herencias -la de Teddy, la de su sucesor Antón Reixa y su plan de desinversión inmobiliaria que sumó un nuevo culebrón con Thesan Capital- que tras más de dos años sigue prácticamente igual.

El golpe de efecto llegaba hace justamente una semana. La SGAE anunciaba a bombo y platillo que tiene “cerrada” la venta de sus dos teatros más emblemáticos: el Lope de Vega y el Coliseum de la Gran Vía madrileña, y que se lo dejaba en bandeja -literalmente para que “mentan gol de cabeza”, dijo el presidente de la fundación Antonio Onetti– al próximo patronato que salga de las elecciones del próximo día 26. Pero hasta llegar aquí, además de los 110 millones de euros de deuda que acumula Arteria, el ladrillo ha sido uno de los grandes quebraderos de la sociedad.

Existe un déficit de información y que el consejo asume responsabilidades, en muchos casos, heredadas. No es posible tomar decisiones asépticas

En marzo de 2012, recogen las actas, se acordó que ambos teatros salieran a la venta con un precio de 32 y 38 millones de euros frente a los 82,9 millones que se pagó por ellos y tres edificios con apartamentos y locales comerciales. La venta no era la prioridad absoluta por la bajada del precio de los inmuebles y generaba discrepancias dentro de los órganos de la entidad de gestión. Unos preferían seguir arrendándolos -“se están haciendo las cosas con demasiada premura (…) Cuanta menor pérdida patrimonial, mejor”, decía en diciembre de 2013 José Miguel Fernández Sastrón- y otros apostaban por quitárselos de encima cuanto antes. Finalmente Stage Entertainmet los comprará por 58 millones, lo que significa 25 millones de pérdidas.

Pero antes, Kiss FM/Quiero Producciones, Mágica Fundación y Bradompe pujaron por ambos edificios. Aun así, el Lope de Vega y el Coliseum son los menores problemas de la SGAE, ya que son de los pocos teatros que se autofinancian. Sólo en Madrid la ‘película’ que rodea al Teatro Calderón da para una trilogía. Wonderland es la sociedad, participada al 51% por la SGAE y al 49% por el empresario Luis Álvarez, que tenía el contrato de arrendamiento hasta 2016 pero se despide al contable y, reflejan las actas, la familia Álvarez controla el teatro y no hace ningún movimiento para desbloquear la situación.

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El teatro Calderón de Madrid

El teatro cerró el julio pasado en 24 horas alegando peligro de derrumbe y Wonderland fue desahuciada en diciembre por impago del alquiler. Esto fue hace dos meses pero en 2012 ya aseguraban que había que ser “drásticos” y deshacer la sociedad cuanto antes porque “nos puede dar muchos problemas”. “Lamentablemente no es previsible que se pueda solucionar a cortísimo plazo”, decía en noviembre el presidente Antón Reixa.

Otro de los agujeros negros es el edificio Al-Andalus de Sevilla, en el que se invirtió 64,4 millones a la que hay que sumar una desviación de casi 3,6 millones en equipamiento según la tasación de Aguirre Newman. Presentaba un deterioro a finales de 2013 de 21,7 millones. Fue construido desde cero y José Luis Acosta explicaba en una entrevista en 2013 en El Correo de Andalucía que este teatro “fue un gran error de aquella época”. “Está terminado y estamos haciendo gestiones para que pueda ponerse en marcha” a la espera de la licencia de uso.

Meses antes, a finales de 2012, el director de la Fundación SGAE explicaba que estaban pendientes de recibir una oferta y se barajaba la compra, el alquiler con derecho a compra o el alquiler. “Cualquier oferta que se reciba por este inmueble es buena, aunque hay que tener en cuenta la deuda y que tampoco se puede regalar. Es la cuestión más compleja que tiene que enfretar esta Junta y en la que habrá que centrar toda la atención para salir de ella cuanto antes”, decía Sastrón. A final de 2013, explican al Consejo de Dirección, se han reducido los costes de mantenimiento de un millón a 700.000 euros aligerando las cuantías del seguro del edificio, la vigilancia, la comunidad y una exención del pago del IBI.

En España además está el Teatro Paral.lel de Barcelona, por el que se hizo una inversión de 12,2 millones de euros para una concesión que termina en 2016 y está alquilado a The Project por un 10% de los ingresos anuales y un mínimo de 240.000 euros, y el Campos Elíseos de Bilbao, cedido por el Ayuntamiento de la localidad en 2003 por 30 años, prorrogables otros diez. Se invirtieron 27,9 millones de euros. A ellos hay que sumar CATA – “inviable financieramente. Desde su creación, siempre ha resultado deficitaria: siete milones de euros hasta 2011”, dice la auditoria de E&Y-, la Sala Berlanga en la que se invirtieron 5,2 millones y los fallidos proyectos por los que se perdieron 9 millones: el palacio del infante Don Luis de Boadilla del Monte (inversión de 2,7 millones, señala la auditoría), el teatro Fleta de Zaragoza (de 1,3 millones), el Berklee de Valencia (2,5 millones) y el teatro Príncipe Pío (8,7 millones).

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Reixa asiste a declarar a los juzgados de ourense

Fuera de España, Arteria ha vendido el teatro Cervantes de México al Grupo Carso por 10 millones de euros (lo que supuso una pérdida de 11,4 millones), La Casona, también en México, vendida por 878.000 euros y el Metropolitan de Buenos Aires, vendido por 3,5 millones de euros y comprado por 5,4 millones. El mayor problema está en el edificio Pellegrini de la capital argentina. Se compró por casi 2 millones y se presupuestó una inversión de otros 18 millones. Se abre un proceso de venta por 12,6 millones de dólares. El problema es el pago. La SGAE quiere que se ingrese el dinero fuera de Argentina y el comprador no quiere.

La venta de este inmeble entra dentro del paquete encargado a Thesan Capital y sus dos sociedades, Teatro de Autor y Altos del Río, “estaban completamente abandonadas”, explica el director económico financiero en diciembre de 2013 ante el Comité de Dirección. Tanto es así que en mayo explican en referencia a Alto del Río que “se ha abierto a SGA una actuación por parte de la Administración Tributaria argentina. El motivo de haber llegado a este punto es la mala gestión del contable que llevaba la sociedad. Es necesario rehacer las cuentas, ya que el contable se despidió y llevó toda la información”.
La situación financiera de la Fundación Autor se presenta como extremadamente difícil, ya que sin aportaciones exteriores no es capaz de hacer frente a la amortización principal ni tampoco a los intereses

Además, un impuesto que grava en el país la transmisicón de acciones les lleva a decidir vender por una parte el edificio y, por otra, ordenar y liquidar ambas sociedades. En esta reunión también se informa de que “la única oferta recibida en tiempo fue la del señor Waisman, por 12,6 millones de dólares” pero quería pagar en Argentina, por lo que se paraliza la operación.

El director económico añade en la Junta de cierre de 2013 que como consecuencia del deterioro contable de este inmueble, Arteria Promociones Culturales finalizará el ejercicio con un patrimonio neto negativo de 5,8 millones de euros. “Esto significa que Arteria entreará en el ejercicio 2014 en causa de disulución y liquidación”.

Thesan Capital, una pesadilla más

“La situación financiera de la Fundación Autor se presenta como extremadamente difícil, ya que sin aportaciones exteriores no es capaz de hacer frente a la amortización principal ni tampoco a los intereses”, rezaba el informe de Thesan Capital en marzo de 2013. Antón Reixa encargó a este fondo de capital ejecutar la desinversión inmobiliaria de Arteria. Iba a ser la salvación de las mermadas cuentas de la entidad de gestión pero acabó en (más) juicios.

Tenían que intentar vender la red de teatros pero, a cambio, sus honorarios iban a ser 25.000 euros al mes hasta en 2012 y 35.000 euros mensuales en 2013 vendiera o no. A estos honorarios fijos, había que sumar los variables: un 1% y un 5% sobre las ventas en España y fuera y un plus más de una clásula de éxito. Reixa fue el introductor de Thesan en la sociedad. En litigio judicial actualmente, además de los pagos más o menos altos, las actas recorren las irregularidades de la elección. Su minuta, explican en diciembre de 2013, ascendió a 2 millones de euros y ejecutó tres ventas de teatros: el Metropolitan, La Casona y el Cervantes por 14,6 millones de euros.

Es un hecho que en el momento en el que el señor Reixa presenta a Thesan se produjo una omisión de información previa que, al cabo del tiempo, es la que provoca un equívoco

En marzo de 2013, Sastrón define de “desorbitadas” las cantidades recibidas por Thesan. Enric Gomà describe el contrato de “desafortunado y abusivo”. Dos meses después, el asunto empieza a despertar los recelos de los miembros de la Junta Directiva. Tanto que Onetti informa de que se está renegociando el contrato de Thesan (en concreto la cláusula de éxito y el fee). Es en esta junta cuando se buscan responsables: ¿Reixa o todo el patronato?. Onetti asegura que el contrato lo aprobó el patronato “por unanimidad” así que, en su opinión, “la responsabilidad es compartida”.

“La SGAE tiene problemas muy graves: la deuda de Fundación Autor y Arteria. El equipo de Fundación, que está trabajando mejor que nunca, se encuentra maniatado porque la empresa que según el señor Reixa podía solucionar este problema, no ha solucionado nada y está costando mucho dinero. Es un error que no va a pagar el señor Reixa, lo van a pagar todos. El error del señor Fasero no lo va a pagar el señor Reixa, lo van a pagar todos. Mientras tanto la recaudación baja, la relación entre facturación y cobro es mala, la reforma de la LPI está cercana, y no ocurre nada. Esa es la realidad”, decía Fernández Sastrón en la Junta Directiva del 31 de mayo de 2013 sobre la gestión del anterior presidente.

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Reixa asiste a declarar a los juzgados de ourense

“El contrato con Thesan fue conocido por la Junta Directiva en el último momento y es un completo desastre. Ya se ha perdido un año, y no se hace más que pagar. Tampoco se sabe qué es lo que está haciendo exactamente Thesan”, añadían. En septiembre el director económico-financiero informa a la cúpula de la SGAE que se ha rescindido el contrato a Thesan y el director de los Servicios Jurídicos explica el turbio problema de las comisiones. Asegura que por la venta del Metropolitan y La Casona se les abonó unas comisiones “dudosas” y acuerdan reclamarlas, pero antes Reixa vuelve a la palestra. A esto se suma que fue él quien presentó a José María Irisarri como interlocutor (por ejemplo en la Junta Directiva de noviembre de 2012) sin que, señalan las actas, “haya pertenecido nunca a Thesan” y que Olaya Fernández de la Riva, entonces directora financiera de la Fundación Autor, deje la SGAE para incorporarse como directora de proyectos de inversión y estrategia en Thesan.

“Es un hecho que en el momento en el que el señor Reixa presenta a Thesan se produjo una omisión de información previa que, al cabo del tiempo, es la que provoca un equívoco”, dice Onetti. Manuel Aguilar quiere demandar al anterior presidente como escudo: “No sólo para que el juez tome en consideración la reclamacion, sino para que, en el caso de que el juez resolviera a favor de Thesan, sea el señor Reixa quien deba abonar a Thesan las cantidades que se consideran pertinentes”. Onetti añade ese mes de diciembre que aunque “el señor Reixa reconoció, según consta en el acta, que en su momento se omitieron informaciones que le parecieron irrelevantes”, el patronato ya tuvo la ocasión de demandarle y “no lo hizo porque no lo consideró oportuno a la vista de la postura colaboradora y de solución de conflictos del señor Reixa”. Más madera para una saga de despropósitos que parece no tener fin.

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