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LA RUEDA – Los conciertos Nocturnos

La Rueda – Los Conciertos Nocturnos

El asunto arranca hace más de una década con el programa Nocturnos de Tele5 dirigido por Enrique Garea, un hombre del mundo de la música que había sido manager anteriormente así como Consejero de Sgae. Consistía el negocio en la contratación y emisión de piezas de carácter sinfónico compuestas por autores actuales que generaban cuantiosos derechos de autor emitiéndose en un horario de madrugada con una audiencia mínima. Esto se fundamentaba en la reciente aparición de emisiones televisivas que abarcaban toda la noche y el vacío en la reglamentación de Sgae respecto a la relación entre la tarificación de las franjas horarias y los índices de audiencia correspondientes. La cadena contrataría las obras como editorial y de esta forma recuperaba una buena parte del montante que tenía acordado pagar a Sgae por la emisión del repertorio de sus asociados.

El hecho de hacerlo con clásicos obedecía a varios motivos:

– las obras no debían estar sujetas a ningún compromiso editorial para poder ponerlas a nombre de la editorial de Tele 5 y los autores de clásico están relacionados con editoriales tradicionales, de las de partituras, no con las Majors discográficas, mucho más avezadas en estos temas y que representan en su mayoría al mundo del Pop.

– los autores de clásico dan imagen de seriedad y pasan mucho más desapercibidos dentro del ambiente profesional.

– al mismo tiempo son más ingenuos y están también más necesitados de dinero pues el clásico genera liquidaciones muy bajas. (Los primeros que se suman al negocio son los consejeros de sinfónicos con lo que de alguna forma avalan las prácticas).

Las emisiones enseguida empiezan a dejar de ser obras de creación para convertirse en arreglos de obras en dominio público, mucho menos trabajosas. Más adelante, cuando Garea sale de Tele5 y pasa a Antena 3, exporta allí el modelo y crea Sueños, réplica del programa de Tele5.

Al producirse la jubilación de Garea las dos responsables de ambas editoriales (Tele5 y Antena 3) empiezan a contratar y emitir obras de otras estéticas (Pop, Flamenco, Jazz) que estén libres de compromisos editoriales. Ahí empiezan a proliferar las composiciones de baja calidad ya que sus autores son conscientes de que el único recorrido que tienen esas obras es el de la aparición nocturna pues las cadenas no hacen ningún esfuerzo por promocionarlas como deberían en función de su papel editorial.

Pronto empiezan a sumarse otras cadenas, creando a su vez sus propias editoriales. Entre ellas la propia cadena estatal TVE.

Surgen los primeros escándalos al descubrir, desde el Consejo de Sgae y en una liquidación semestral, que los autores con mayores resultados son unos desconocidos con obras también desconocidas. Se procede desde el Consejo a modificar el reglamento para que las obras emitidas en estos programas tengan un límite de emisiones semestrales. Esto provoca que la calidad de las obras se resienta aún más y empiezan a aparecer todo tipo de prácticas fraudulentas, sobre todo en el terreno de la música clásica:

– contratación de “negros” para las tareas de composición y adaptación

– playbacks sobre loops de audio estirando hasta la extenuación los temas a base de repetirlos íntegros varias veces (y esquivando así  la normativa del límite de repeticiones)

– utilización de midi files (procedentes de internet) de obras en Dominio Público, que, introducidas en cualquier programa de secuenciación/notación, generan tanto partituras como la posibilidad de repartir líneas melódicas a distintos instrumentos. Estas piezas las tocarán intérpretes de calidad pero que cobrarán muy poco, desconocedores del negocio real, (hay testimonios impresionantes acerca de partituras impresas de obras muy conocidas del repertorio clásico, presentadas a los intérpretes con compaseados disparatados o sin los correspondientes cambios de armaduras tonales, fruto del paso del Midi File por un secuenciador y de las carencias musicales del supuesto adaptador).

Al mismo tiempo que se van produciendo estas “evoluciones”, entran en escena unos personajes nuevos. Más o menos cuando TVE arranca con su propia editorial y su propio programa, TVE es Música, alguno de los autores que han estado participando en este asunto, deciden asociarse con personajes del mundo de los negocios para producir masivamente programas musicales que se emitirán en esta cadena (la que más ingresa en Sgae y por tanto la que mayores derechos de autor genera).  En principio el negocio consiste en proporcionar a determinados autores los medios necesarios (plató, cámaras, iluminación, equipo técnico, etc…) para realizar y producir grabaciones audiovisuales de sus obras, garantizando la emisión de ellas en las emisiones nocturnas de Televisión y a cambio de una participación en los derechos de autor que esas emisiones generen. Al mismo tiempo, conscientes de que resulta relativamente sencillo obtener grandes sumas de dinero de la Sgae, y con la seguridad que les proporciona tener en nómina un equipo de expertos músicos, empiezan a aparecer las primeras autorías de estos hombres de negocio transformados en compositores gracias al trabajo de arreglistas anónimos. Músicas y letras banales cuando no insufribles, ocupan los horarios nocturnos escudándose en la escasa audiencia y nula repercusión de esas emisiones, pero las cifras en derechos son millonarias.

No contentos con esto y con la intención de rentabilizar aún más sus medios de producción, buscan y encuentran una fórmula mucho más sencilla de obtener ganancias con apenas esfuerzo. Comienzan entonces los abusos sistemáticos con el Dominio Público de obras clásicas como telón de fondo. Dado que en Sgae dan por válido cualquier registro de obra que presenten las televisiones, ya no es necesario justificar que se trata de un arreglo o adaptación (con lo que entrañaría de gastos ya sea para contratar compositores “negros” o para pagar a intérpretes que tienen que ensayar y montar una obra), es mucho más sencillo un nuevo sistema que consiste en entrar en contacto, vía Conservatorios y similares, con jóvenes intérpretes que estén estudiando o hayan estudiado a lo largo de su carrera obras en Domino Público. Basta con preguntarles qué obras de este tipo tienen en repertorio y a continuación ofrecerles una aparición en televisión tocándolas. Posteriormente se registran como arreglo a nombre de cualquiera de los “asociados”.

Los asociados, con el fin de diluir las ganancias, son parientes cercanos, esposas, madres, hijos o también, colaboradores, amigos, secretarias, etc. Todos ellos, familiares y colaboradores, están en posesión, lógicamente, del máximo de 31 votos según el último censo de Sgae, con lo que el asalto institucional está también servido.

Aparte de como autores, estos personajes aparecen involucrados en negocios tanto de Gestión de Derechos como de Gestión de Trámites de Inmigración, pues otro material humano que utilizan es el de intérpretes de Países del Este. Hay también, dado que es frecuente localizarlos en Conservatorios, muchas apariciones de niños intérpretes siempre con obras clásicas que serán registradas por personajes de la trama.

Por otro lado, la presencia casi continua en determinadas cadenas, de los programas realizados por alguna de estas empresas, induce a sospechar que se hayan podido producir sobornos a directivos de dichas cadenas. En Tele 5 ya han anunciado el cese de un directivo parece que motivado por dichas sospechas. El procedimiento en cualquier caso habría sido muy sencillo, se trataría de pasar una comisión a las personas encargadas de tomar la decisión sobre qué se va a emitir. Aquí es donde el concepto de “La Rueda” cobra sentido pues es necesario que en la parrilla de emisión aparezcan varías empresas distintas para disfrazar esa adjudicación fraudulenta de los espacios televisivos, bajo la apariencia de que hay una pluralidad de beneficiarios. Esto es especialmente grave en la televisión pública TVE y canales autonómicos, donde la selección debería hacerse por criterios mucho más transparentes.

También simultáneamente se ha producido un asalto a la Junta y al Consejo de Sgae que se encuentran ahora mismo plagados de personas relacionadas con este negocio, avaladas por los votos que se derivan lógicamente de esos ingresos millonarios.

En este sentido, hay detectadas relaciones sospechosas entre algunos Consejeros y empresas de la trama. Consultados los registros de las obras que les han producido en estas empresa, no aparece ningún reparto de derechos con ellos, caso insólito cuando el único beneficio  en este negocio procede de los derechos de autor y es el caso que todos los autores consultados hacen necesariamente una cesión de parte de sus derechos con estas empresas para que les produzcan y emitan sus obras. La pregunta sería ¿a cambio de qué les hacen las producciones a estos Consejeros?

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