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Pero, ¿que es eso de CoA? (Carta de Fernando Martín)

PERO, ¿QUÉ ES ESO DE CoA?

Dentro del colectivo autoral y no por voluntad de los que formamos parte de esta coalición, es la pregunta del millón. Pues bien, en calidad de presidente paso a contestar de modo que creo satisfará cualquier tipo de curiosidad.

Hace prácticamente un año un grupo de autores de diversos colegios decidimos pararnos, reunirnos y establecer un análisis ante el rumbo extremadamente preocupante que estaba tomando SGAE en aquellos momentos:

  • Defenestración del presidente elegido en Asamblea y la posterior consolidación de un magma gobernante en la entidad en el que daba –y sigue dando- toda la impresión de que el frágil cemento que les unía no era más que un catálogo de intereses de carácter individual y, desde luego, secundario con respecto al colectivo general de autores que componen la sociedad –esos más de 100.000 que parece que solo existen para apelar a ellos en declaraciones grandilocuentes.

  • La a todas luces deleznable situación de la Rueda de las Televisiones, estilo de comportamiento de carácter presuntamente mafioso que posibilita la negociación de unos cuantos espabilados con las televisiones –ahora mismo y con la práctica desaparición del soporte grabado para venta, la mayor fuente de recaudación por parte de SGAE-, suponiendo el retorno de una suculenta parte de lo pagado por parte de las televisiones a las editoriales de éstas o en tratos con ellas, la degradación de la música que se emite por televisión y, sobre todo, fuente insolidaria de enriquecimiento en beneficio de unos pocos –los que colaboran en ella- frente a la gran masa social de SGAE, que apenas tiene noticia de esta penosa práctica.

  • La permisividad, en contra de la votación negativa de la Asamblea- con respecto a un “reparto extraordinario”, considerado irregular por los responsables del Ministerio de Cultura en tanto en cuanto la sociedad, tras el desastre del proyecto megalómano Arteria, aún no ha saneado sus cuentas y que, además, en la práctica ha beneficiado mucho a los participantes en la Rueda de las Televisiones y muy poco al resto de la masa social de SGAE.

  • La obstinada negativa por parte de la Junta y Consejo de Gobierno de proponer y/o establecer un Código de Transparencia y Buenas Prácticas que impida que cualquier autor vinculado a estos órganos de gobierno participe en negocios dudosos en los que pueda partir en posición de ventaja frente al colectivo general de autores –La Rueda de las Televisiones es precisamente un buen ejemplo de esta falta de transparencia.

  • La falta de voluntad de Junta y Consejo de Gobierno a la hora de realizar modificaciones de estatutos para establecer un sistema electoral que asegure una mayor y mejor representatividad en la sociedad.

Esto entre otras muchas situaciones que plantea el día a día de la entidad: sistema de dietas de junteros y consejeros, comisiones de trabajo inútiles cuando no afectadas por bloqueos internos, subidas de sueldo desmesuradas e incomprensibles en los tiempos que corren, divorcio entre los socios y los órganos de gestión y control de la sociedad, diversas persecuciones casi con carácter de mobbing realizadas a personajes claves de la entidad y, en diversos casos, saldadas con indemnizaciones exorbitantes, práctica paralización de las actividades de la sociedad por continuo desacuerdo entre junteros y consejeros…

En fin… La lista sería tan larga como alarmante.

El caso es que el núcleo de autores que comenzó a formar CoA inició una labor de rastreo de información, llegando a la triste conclusión de que aquella, la información, ha sido históricamente y es en la actualidad el arma que ha permitido megalomanías y comportamientos dictatoriales en tiempos no muy lejanos y el descontrol y el saqueo que se está produciendo en la actualidad.

La información o, mejor dicho, su ocultación ha permitido a quienes han manejado SGAE en exclusiva el hecho de someter de forma callada y adormecer a un colectivo autoralque ya se manifiesta hastiado y desinteresado ante cualquier escándalo que salta a los medios de comunicación y que lleva a la SGAE en el titular. Esa misma opacidad que conducea la opinión pública a pensar de forma mayoritaria que SGAE no es más que un patio de Monipodio destinado a enriquecer a unos pocos, una cueva de Ali Babá en manos de –a veces ni 40- ladrones o, directamente, la banda del Al Capone de turno.

Nuestra primera conclusión es que SGAE es necesaria en tanto en cuanto los derechos de autor corren serio peligro ante la corriente liberal y santificadora del mercado que en la actualidad domina el mundo y, por consiguiente, nuestro país. Una sociedad de gestión de derechos de autor como la nuestra, con su fuerza y tradición, es la única herramienta de que disponemos los creadores para defendernos, para poner a salvo nuestro único caudal, un vez desaparecen las prerrogativas sobrevenidas del éxito momentáneo, que son los derechos que adquirimos sobre nuestra obra. Si un trabajador de cualquier otro ámbito atesora a lo largo de los años una serie de derechos laborales con el aval de su trabajo realizado, ¿por qué sustraer este derecho a los creadores, aunque su dinámica de trabajo sea distinta y su vida laboral más limitada?.

Nosotros no queremos que todos los autores estén por encima de otros trabajadores por el simple hecho de entregar su vida a la creación. Pero, eso sí, si tu canción, tu guión, tu película, tu banda sonora o tu coreografía con los años da a ganar dinero a otros, a ti debe corresponderte siempre una parte proporcional.

Acabar con estos derechos será como retirarle el voto a las mujeres o devolver a la población negra a la esclavitud; como acabar con la enseñanza gratuita y universal, como negar al ser humano su derecho a la sanidad…

Para esto nos tiene que servir SGAE

Pero a los autores que formamos CoA no nos vale una SGAE de cualquier modo. Al menos, no la SGAE de tiempos recientes o tal cual funciona en estos momentos.

En CoA pensamos que SGAE vive un momento histórico y único. El de su posible y real transformación en una entidad exclusivamente al servicio de TODOS sus asociados. Una sociedad

  • En la que el sistema electoral asegure una más justa participación del mayor número de asociados en las iniciativas y tomas de decisiones. Eliminando el voto temporal aquel obtenido por la recaudación del año anterior al del ejercicio del derecho de voto y que propicia una innatural acumulación de votos por parte de los artistas de mayor recaudación en un corto espacio de tiempo- a favor del voto histórico: no puede ser que autores que llevan décadas en la sociedad pierdan todos sus votos porque en los últimos años no hayan tenido un éxito.

  • En la que se mantengan los periodos de junta, consejería y presidencia en los 8 años que establecen los actuales estatutos, acabando así con perpetuaciones de poder y creaciones de castas y clientelismos, dando paso además a nuevas generaciones de autores que son las que deben tomar de modo orgánico el mando de la entidad. No a una SGAE envejecida por decreto.

  • En la que la transparencia sea la norma fundamental de funcionamiento, dotando al Consejo de labores ejecutivas efectivas y estableciendo a la Junta como necesario órgano de control de las decisiones de gobierno. Un Consejo dotado de una mayor profesionalidad y bajo el mando directo de un presidente ejecutivo y no sometido a inconsistentes equilibrios de poder; con una remuneración justa mediante un sueldo razonable y no unas dietas que constituyen un auténtico disparate económico. Un descenso considerable del importe de las dietas para los junteros y la total eliminación de las Comisiones, que no sirven más que para justificar dietas. Finalmente un número razonable de reuniones de Consejo y Junta, las necesarias para sacar SGAE adelante y no para justificar las ya comentadas y excesivas dietas de sus componentes.

  • En la que tanto recaudación como reparto se realicen de la forma más efectiva y clara posible, dejando el mínimo margen posible a la bolsa de “no identificados”. Cada socio debe saber con la mayor exactitud cuánto renta su obra. Para esto es inevitable una necesaria modernización de las técnicas de identificación de obra, invirtiendo en tecnología aplicada a este objetivo.

  • En la que la sociedad nunca más quede hipotecada en proyectos faraónicos o que no reviertan directamente en la labor y bienestar de los socios. Una vez aprendida la “lección Arteria”, procédase ya a vender unos inmuebles que solo suponen para la sociedad un enorme agujero económico por el que se pierden, solo en intereses, una enorme cantidad de millones euros al año.

  • En la que la apuesta por la investigación de los nuevos modelos de mercado para la creación artística sea tarea prioritaria. Es ahí donde hay que invertir sin perder un segundo más.

  • En la que toda la información esté en cualquier momento a disposición inmediata y de modo comprensible para cualquier socio, favoreciendo y mejorando los canales de comunicación entre entidad y socios. SGAE es la casa de los autores y éstos deben poder saber siempre que lo deseen qué es lo que se cuece en su casa.

  • Del mismo modo, en la que dicha transparencia atraviese los muros de SGAE y cualquiera de fuera de la entidad pueda ver que ésta no alberga nada oscuro, incomprensible y, sobre todo, ajeno a los intereses del ciudadano de a pie, verdadero depositario y consumidor de la creación artística. Pongámoselo fácil a la opinión pública y ésta, de modo natural, valorará nuestro esfuerzo.

Desde nuestra formación como Coalición de Autores hasta el momento presente, CoA ha pasado de ser en boca de nuestros críticos o de quienes no han sabido o querido acercarse a ella primero “un asunto de cuatro locos”, después un territorio “de interesados que, mediante pactos o componendas o personajes claves, querían beneficiarse de modo individual de la sociedad”, luego “un colectivo a tener en cuenta y, por tanto, peligroso en su afán de desmontar el momento caótico, surrealista e interesado” por parte de quienes siguen considerando SGAE como un chiringuito para obtener, bien dinero, poder o, lo más triste de todo, una pobre satisfacción a vanidad personal.

Desde el primer momento se nos acusó y calumnió, atribuyéndonos intereses ocultos y oscuros, no dudándose en publicar supuestos nombres –entre los que incluyo el mío- para otorgarnos deméritos espurios con los que difamar nuestra labor a la hora de sacar a la luz todo aquello que no veíamos claro. A alguno hasta se le ha amenazado físicamente.

Nosotros siempre hemos callado ante cualquier tipo de ofensa, mirado hacia delante y continuado en nuestro empeño de que el socio sepa realmente qué está ocurriendo en la sociedad que ha de gestionar sus derechos, sin importar lo que se dijera de nosotros, ni entrar en batallas no deseadas; teniendo siempre la conciencia tranquila ante el convencimiento de que ninguno de los socios que componen CoA tiene nada que ocultar a nadie. Nuestro expediente está limpio de cualquier tipo de falta, careciendo de “muertos en el armario”, cosa que varios de los actuales gestores de la entidad no pueden decir sin, al menos, sonrojarse.

Por fin y ante la deriva que va tomando SGAE y que desemboca, tras la última Asamblea realizada, en la convocatoria de un nueva Asamblea y posteriores elecciones, CoA ha pasado a ser posiblemente la única alternativa clara y honesta para que SGAE aborde ese citado proceso histórico y pase a convertirse de una vez por todas en lo que siempre debió ser:

  • Una sociedad moderna al único y exclusivo servicio de sus socios, ganándose su confianza al ofrecer siempre un funcionamiento profesional y respuestas claras ante cualquier cuestión que los asociados quieran plantear.

  • Una sociedad fuerte, la más fuerte de cuantas pudieran aparecer al arbitrio de posibilidades de la nueva Ley de Propiedad Intelectual, para que su defensa de los derechos de autor sea siempre efectiva e inapelable.

  • Una sociedad transparente que impida que cualquier miembro que aspire a gestionarla caiga en la tentación derivada del hecho de que está en disposición de enriquecerse o satisfacer cualquier interés privado.

  • Una sociedad de gestión que promocione TODA la obra de sus creadores, sin atender a otro criterio que el de ser socio de SGAE.

  • Una sociedad solidaria con todos aquellos socios que precisan de la ayuda del colectivo para impulsar sus proyectos e, incluso, tratar de paliar las situaciones dramáticas que a menudo sufren sus miembros.

  • Una sociedad transversal en la que estén representados todos aquellos ámbitos de la creación a través de sus diferentes colegios y grupos profesionales: escritores, compositores, letristas, autores dramáticos, coreógrafos, mimos, directores, realizadores, argumentistas, guionistas…

  • Una sociedad que sea auténtica interlocutora de otras a nivel internacional para conseguir un lógico y enriquecedor de intercambio de ideas y estrategias.

  • Una sociedad al servicio de los ciudadanos, consumidores de las obras creadas por nuestros socios, cambiando de una vez por todas la imagen de opacidad y estilo gansteril que tanto nos lastra y, por fin,

  • Una sociedad que destierre los escándalos pasados y ponga especial énfasis en que jamás vuelvan a producirse otros nuevos que puedan manchar de ningún modo nuestra reputación.

Para CoA todo lo que SGAE arrastra ahora es el pasado, con sus luces y sus sombras –a veces muchas más sombras que luces- y lo que, en cambio, nos espera es un futuro ilusionante, lleno de energía y las mejores intenciones para luchar por hacer las cosas bien y sentar unas bases sólidas en las que el prestigio, la eficiencia, la claridad y el apoyo de los socios sean los pilares sobre los que erigir una Sociedad ejemplar ante cualquier mirada escrutadora.

No perdamos un minuto más en repetir los errores del pasado. Ante nosotros se despliega un necesario camino que recorrer y, que nadie lo dude, existe luz al final del túnel.

A por ello, entonces.

FERNANDO MARTÍN.

(Fernando Martín es músico, compositor, periodista y en la actualidad es presidente de la asociación “Coalición Autoral”)

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