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SGAE EN ÓRBITA

SGAE EN ÓRBITA.

Carta de Antón Reixa

 

El pasado 30 de noviembre comuniqué verbalmente a la actual Junta Directiva de SGAE mi dimisión. Lo hice con palabras sinceras de disculpas y agradecimiento. Esta dimisión se produce después de que el pasado 16 de julio fuera cesado en el cargo de presidente. En mi agradecimiento de despedida quiero mencionar expresamente a los compañeros de Junta: Julia Altares, Mercedes Cruz, Enric Gomà, Lluis Arcarazo, Angel Illarramendi, Imanol Uribe, José Luis Cuerda, Manolo de la Calva, Joan Albert Amargós, Carles Alberola, Ana Diosdado y Eva Yerbabuena con los que siempre mantuve la mejor línea de colaboración crítica. A los demás, adicionalmente, quiero transmitir el deseo de que, una vez registrada mi ausencia de ese órgano de gobierno, abandonen cualquier coartada para no aplicar toda su energía en la más inteligente y eficiente defensa del derecho de autor. A todas y a todos les deseo la mayor suerte. Incluyo en mi agradecimiento al conjunto del staff ejecutivo que me encontré a mi llegada a la presidencia en mayo de 2012 y, con carácter general, a la plantilla de trabajadores. No hay mejores cómplices de la defensa de los creadores.

Sirva ahora esta comunicación para formalizar por escrito mi dimisión y aclarar ante el conjunto de los socios y de la opinión pública interesada en la propiedad intelectual esa decisión.

En marzo de 2012 dirigí al conjunto de los socios una comunicación titulada “Viva La Música” en la que explicaba mi propuesta a los órganos de gobierno de iniciar una investigación rigurosa de los supuestos fraudes autorales que se detectaban en las producciones de música para TV (la red de intermediación vulgarmente llamada “rueda”). Algunas valoraciones coincidían en que una decisión justa era expresada de forma no conveniente. Es posible. Pero en mi conciencia esa determinación se anclaba éticamente en la convicción de que no merecía la pena ser presidente de una entidad tolerante con tales prácticas. Me equivoqué, eso sí, en dimensionar las posibilidades de sobrevivir como presidente y ganar esa batalla. A día de hoy, SGAE ha demostrado su incapacidad para superar con medidas internas esa bochornosa situación, es decir, se ha puesto a prueba la capacidad de SGAE para autorregularse, es decir, para “autohigienizarse”. Veamos algunos puntos “sensibles” del período en que fui presidente.

-Me equivoqué al no impulsar medidas eficientes que atajasen el evidente conflicto de intereses para extinguir con eficiencia la “rueda”. Sin que tengan participación directa en esas prácticas de intermediación, existen indicios de que en la Junta Directiva se sientan autores cuyos únicos ingresos (o la parte mayoritaria de sus recaudaciones) provendrían de ese tipo de producciones. De ser así, carecerían de independencia suficiente y constatable esos directivos para regular la eliminación. El 15 de julio el Consejo rechazó (incluso con insultante mofa) la petición de ocho asociaciones autorales independientes (en conjunto pueden integrar más de tres mil socias y socios con derecho a voto de establecer un código de transparencia y un registro de intereses e incompatibilidades de los miembros electos de los órganos de gobierno de

SGAE, como ya existe en muchas asociaciones sectoriales, en la sociedad británica de autores o en nuestras propias instituciones de representación política. Insto en esto al órgano regulador y al legislador para contemplar este asunto en la nueva regulación.

-Me equivoqué, por mi respeto a la libertad de voto de los autores a los que acompañé en la candidatura de la que formé parte, no valorando la lucha interna de poder en el seno del propio equipo. Una minoría defendió la perversa e intervencionista concepción autoritaria de que la independencia del presidente se remite a la lista electoral de la que formó parte y no al interés general de los autores y el criterio de los órganos de gobierno.

-Así mismo, me equivoqué en la designación de los cargos de confianza. A los pocos días de su designación las personas elegidas eran una facción más de la descontrolada lucha de poder. En coherencia con el programa de la candidatura en la que participé y los acuerdos que nos llevaron a la presidencia, preservamos lo mejor del conocimiento acumulado en la organización y se ejecutó una de las singularidades de ese programa: la designación por un sistema objetivo de la nueva dirección general en alguien ajeno a la historia de SGAE. Por colegiada que fuera finalmente la ejecución de esa decisión, sólo contribuyó a agudizar la intriga y la conspiración interna y la ralentización de las investigaciones sobre los presuntos fraudes de la “rueda”.

Obviamente éstas son mis opiniones y quede a juicio de los demás valorar su ecuanimidad. En todo caso, quedé en minoría ostentosa ante la Junta Directiva y tuve que abandonar la presidencia. Renuncio ahora también a mi puesto en la Junta Directiva y constato mi posición minoritaria y crítica respecto a las últimas decisiones de ésta.

-La incoación de expedientes a la conocida como “rueda” de TV progresa con tal lentitud que todo induce a pensar que esas prácticas eventualmente irregulares quedarán impunes. La Junta Directiva ha decidido por mayoría retrasar a junio 2014 los cambios de reglamento de reparto de TV que eliminan la bonificación de treinta puntos a la llamada “música de las brujas”, los presuntamente fraudulentos acompañamientos de música en directo a los tarots, bingos, tómbolas y consultorios de madrugada. La revisión de la valoración de los derechos de los conciertos de madrugada no se acomete y ello supone, una vez eliminada la bonificación de la “música de las brujas” una transferencia de valor favorable a ese tipo programación en la que el propio Consejo ya ha detectado numerosos fraudes autorales y ha ordenado el abono retroactivo de liquidaciones percibidas. Constata esta negligencia con la rapidez con la que compañías como Mediaset han desarticulado internamente estas redes de fraude. Creo que los autores debemos acudir a la justicia ordinaria para dilucidar estas irregularidades e insto al órgano regulador, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a solicitar información e indagar este asunto.

-La Junta Directiva no ha querido ni abordar el debate y votación sobre la introducción del límite temporal a la duración de los contratos de edición musical en el artículo 71 de la Ley de Propiedad Intelectual vigente y que ahora el gobierno pretende reformar.

Esto supone en la práctica más habitual en el mercado español que una gran parte de los contratos de edición musical de los años ochenta y décadas anteriores lo son a perpetuidad (posiblemente, en el contexto de crisis, esté ocurriendo actualmente lo mismo con el nuevo talento). En la industria musical de referencia, la británica, la práctica más extendida es un límite de quince años. Curiosamente, la misma ley española establece en su artículo 69 un límite de quince años en el caso de los contratos de edición literaria. Insto a los legisladores a introducir, en beneficio de la profesión autoral, un límite temporal que aborte esta práctica abusiva. No se plantea todos los años la oportunidad de reformar una ley y mejorarla.

-Dudo seriamente que la actual Junta Directiva implemente las medidas necesarias, los medios precisos ni tenga la voluntad política sincera de que el actual proceso de descentralización, implantado de forma piloto en seis territorios, se asiente con eficiencia. El descontento se extiende en buena parte de los consejeros territoriales. La descentralización era una de las singularidades irrenunciables del programa que nos dió la mayoría en la directiva.

-A pesar de se instrumentaron medidas importantes importantes de transparencia como la limitación de los poderes y facultades de la presidencia. A día de hoy, no tengo constancia de la diligencia con que se estén ejecutando las decisiones impulsadas en Junta Directiva, respecto a comunicación y publicidad de decisiones, actas de acuerdos de los órganos de gobierno y de publicidad de los salarios ejecutivos.

– Una minoría de mis compañeros de candidatura y la oposición interna no asumieron la iniciativa de desarticulación de la “rueda”, como un problema estructural, queriéndolo minimizar como sí fuese un hecho aislado de cuestiones reglamentarias y no lo que efectivamente es: un presunto fraude de registros autorales e absolutamente insolidaria con el el sistema mutualista de reparto.

-Constato el fracaso de las herramientas internas en SGAE de mediación y autorregulación. Al mencionado sutil sabotaje de las medidas internas para extinguir problemas estructurales como la “rueda” de televisión, debo sumar mi propio fracaso al tratar de utilizar esta vía para la mediación en lo que considero difamación de mi honorabilidad por parte de los directivos Cabal y Onetti, así como en la reparación de la violación de mi privacidad informática acaecida en el primer día del mandato del actual presidente. He intentado desde el principio de septiembre activar los mecanismos internos de conciliación y mediación. Exijo en una aclaración y rectificación de estas circunstancias. De preserverar estas actitudes negativa y dilaciones, me podría ver obligado, en ambos casos, a la interposición de las medidas legales pertinentes (querella y reclamación ante la agencia de Protección de Datos).

Soy autor y también un profesional de la industria cultural, en el breve período de mi presidencia en SGAE he vivido lo mejor y lo peor de mi oficio. Llegué a la presidencia de SGAE en mayo de 2012, con un programa, un equipo de autores directivos y, sobre todo, con la seguridad de que nuestra maltrecha entidad era renovable desde dentro.

A día de hoy, no puedo mantener esa convicción, pero sería muy personalista sí mi incapacidad para lograrlo me llevasen a proclamar objetivamente y en términos absolutos la imposibilidad de esa regeneración. En mi opinión, no exenta de cierta perplejidad, creo que el estado actual de la SGAE es similar a un “semizombi” (es decir, ni muerta, ni viva, sino, más o menos, “no muerta”). A la voluntad y compromiso del conjunto de los creadores corresponde dilucidar si esta entidad, como Lázaro, puede resucitar (“levántate y anda”). En esa “estrategia Lázaro” (no deja de ser irónica la referencia a un hecho milagroso) no renuncio a compartir civil y autoralmente la percepción de que las debilidades actuales de SGAE radican precisamente en sus propias fortalezas. A saber, su carácter de “sociedad general” ( integrando en la misma entidad a autores musicales, dramáticos y audiovisuales y, también, a editores musicales) y su posición hegemónica en la gestión del derecho de autor. Lo que es una ventaja competitiva (el carácter interdisciplinar) no es sostenible en un ambiente interno en el que los músicos creen que se privilegia a los audiovisuales, estos que se beneficia a los músicos, los editores soportan a los autores como un mal menor por ser proveedores imprescindibles de contenidos y los autores de artes escénicas (que tienen la plusvalía histórica de ser los representantes primigenios de la creación autoral) sobreviven bajo el síndrome de ser “el patito feo” insuperable de la entidad. El hecho de que sea SGAE la entidad autoral casi única en el ámbito español y por lo tanto hegemónica en la gestión colectiva no puede conllevar que por preservar esa unidad estratégica, contemporicemos históricamente con los intereses más contradictorios y las prácticas más irregulares en el seno de la entidad. En el dibujo de esa otra SGAE, que muchos consideran posible, a pesar de mi escepticismo, habría que considerar lo siguiente:

-SGAE debería asumir, pienso, que estamos en el corazón de una severa crisis económica. Nuestro interés objetivo es colaborar a la viabilidad de la industria cultural y al aumento de la actividad, no tiene sentido presentarnos solo como recaudadores y no como lo que realmente somos: un servicio solidario para los creadores y para la puesta a disposición de nuestro repertorio para los usuarios de cultura.

-La internacionalización de nuestro repertorio debe concentrar esfuerzos prioritarios.

– Los creadores somos los principales interesados y beneficiarios, después (o a la par) de los usuarios de cultura, en que la distribución digital de contenidos no ponga en riesgo homicida la sostenibilidad de las industrias creativas. No cabe, pues, considerar a la generalidad de los usuarios como delincuentes en potencia, por extendida que pueda estar la rapiña de la propiedad intelectual. La expropiación por parte del estado del derecho de la compensación a los creadores por copia privada (el mal llamado “canon digital”) es injusta pero también es imprescindible superar conceptos administrativos anquilosados en la caduca industria de los soportes físicos y promover criterios ecuánimes que potencien y valoren el acceso a los contenidos y la justa compensación a los creadores por aportar servicio y beneficio a la explotación digital. La convergencia y actualizaciones digitales son esenciales también a la

optimización de la medición necesaria de la utilización del repertorio, el servicio a los usuarios y el reparto a los autores.

– Se debe continuar como tarea prioritaria la desamortización de la desafortunada red Arteria. En SGAE no deben existir fondos sin repartir entre sus socios, pero los criterios de reparto extraordinario de los derechos prescritos deben contemplar también criterios asistenciales y socialmente compensatorios.

-Los estatutos de SGAE no sólo deben garantizar la representación y representatividad los órganos de gobierno, sino también motivar al máximo la participación y responsabilidad de la masa social en la gestión de la entidad. En las últimas elecciones, aún siendo las de mayor participación en la historia reciente, no llegó ni a un 20% la participación de los socios y socias con derecho a voto. La actual Junta Directiva, por legal y legítima que pueda ser no se parece mucho a la natural diversidad de la profesión autoral, más allá de la pintoresca y exótica excentricidad que la conforma (me incluyo yo mismo). Tampoco es sostenible la discriminación que propician los estatutos vigentes permitiendo a las personas que representan al colectivo editorial enlazar décadas de permanencia en los órganos de gobierno, mientras los autores individuales nos sometemos a una limitación de dos mandatos directivos consecutivos. Algunas cosas siguen siendo mejorables y revisables en el sistema electoral de SGAE.

-Los estatutos de SGAE deben velar al máximo por el balance equilibrado de la convivencia entre las responsabilidades ejecutivas de los directivos electos y las de los ejecutivos contratados. La actual indefinición de este equilibrio conlleva que los representantes autorales se dirijan a los técnicos profesionales como a auténticos oráculos, eludiendo su responsabilidad societaria y que el “staff” ejecutivo se instale, cada vez más, en una cínica asepsia pseudo neutral. El despotismo anterior puede estar siendo suplantado por la burocracia tecnócrata de empleados amparados en contratos de alta dirección y arbitrarios conflicto de intereses de los socios electos para los órganos de gobierno.

-Necesidad de autocrítica y renovación de la comunicación. La SGAE tiene una bajísima reputación en la vida social española. Pero no es posible que los equivocados y causantes de esta mala fama sean exclusivamente la generalidad de los ciudadanos, excepción hecha de los socios y directivos de la entidad en los últimos años. Algo mal y, posiblemente, muy mal habrá hecho SGAE. En el contexto actual de crisis económica y de una ofensiva clara de las administraciones contra la gestión colectiva y los derechos de autor, de negación de la industria cultural como un sector productivo y en general de todo lo que tenga un aroma social, público y colectivo es mucho lo que hay que hacer no sólo para que la ciudadanía perciba que las entidades de gestión colectiva son un servicio necesario y deseable para la comunidad y que los jóvenes autores perciban SGAE y, en general, la defensa del derecho de autor como algo conveniente y beneficioso para su desarrollo creativo. SGAE está notoriamente avejentada.

Cuando el 16 de julio, destituído ya como presidente, declaré a la puerta de la sede central de SGAE en la calle Fernando VI de Madrid que ese edificio tenía algo de diabólico por su efecto endogámico perturbador, muchos dijeron que exageraba, pero apenas pasó un mes de su mandato, el actual presidente declaró desde su despacho que “en el exterior hay una hostilidad enfermiza hacia la SGAE”. Se le olvidó precisar qué se entiende por ese astronaútico símil del “exterior de SGAE” ¿Quizás que la SGAE esté en órbita alrededor del planeta autoral? Pocos días antes de mi cese dirigía un escrito a algunos compañeros de Junta Directiva encabezado por la aseveración de que “hay vida fuera de Fernando VI”, hoy añadiría que hay vida para la defensa del derecho de autor fuera de SGAE y su directiva . La más leal y eficiente defensa de la propiedad intelectual no es equivalente al mantenimiento a cualquier precio del actual “statu quo” de la Junta Directiva de la entidad. Ocultar y disimular las debilidades internas no hace más fuerte a la SGAE, sino más vulnerable. Y es que todo induce a pensar que la actual SGAE efectivamente está en órbita, pero en una órbita en espiral que cada vez la aleja más del centro de los intereses autorales. Y en esa órbita, pues, muchas gracias, perdonen las molestias, pero yo me apeo.

¡LARGA VIDA AL DERECHO DE AUTOR! Antón Reixa, noviembre, 2013

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