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UN MODELO DE NEGOCIO RUINOSO

LOS PROGRAMAS NOCTURNOS DE LAS TVS: UN MODELO DE NEGOCIO RUINOSO

  Analicemos los últimos datos que se han hecho públicos desde Sgae, relativos a los programas musicales de emisión nocturna en las televisiones, tanto el de share, que es de un 0,5% de audiencia, – es decir, un impacto insignificante en el público -, como el de incidencia en el reparto, según el cual, estos programas reciben un 59% del total que las Tvs pagan a Sgae (para quien no lo sepa, ese total es la cantidad pactada que, a modo de tarifa plana, les permite utilizar para sus emisiones cualquier obra del catálogo que gestiona la entidad).

 Cualquiera que cruce ambos datos llegará sin ningún género de dudas a la conclusión, – bastante incoherente según lo que se supone que significa el derecho de autor -, de que, en estos programas, se están adjudicando cuantiosos derechos de autor a obras sin repercusión mediática alguna, solo por exhibirse en esas cadenas. Algo así como si se pagaran derechos de autor por conciertos a puerta cerrada, sin público. Bien, pero con ser grave, ésta no es la consecuencia más dañina de esta anómala situación. Hay otra tremendamente obvia, motivo de esta reflexión que hoy nos hacemos.

TELEVISIONES  VS. SGAE

Como es por todos conocido, esta situación solo obedece a una estrategia de recuperación, por las televisiones, de una parte de la cantidad que abonan anualmente a Sgae. En absoluto guarda relación con que tengan ningún interés en emitir la música de los autores que presentan en esos programas. Digamos que los consideran colaboradores necesarios en esa recuperación.

Pues bien, y esta es la reflexión que nos hacemos, en el momento en que las Tvs descubran (y lo habrán hecho ya) que la Sgae y sus representados, asumen y se conforman con recibir un 41% (el 100 menos el 59) de la cifra total y que eso es suficiente para que las Tvs disfruten de la tarifa plana, (pues en resumidas cuentas, el 41% es lo único que va a parar realmente a la música que han contratado con Sgae, que es, precisamente, toda la que emiten fuera de los horarios nocturnos) ¿para qué van a pagar el 100%? ¡¡Bastará con que nos paguen solo ese 41%!!

  Éste es el peligro que se oculta tras el espinoso asunto de los programas nocturnos. Esto es lo que no quieren ver los artistas implicados en la Rueda cegados por sus ganancias. Si la Sgae cede y da por buenas estas prácticas, en la siguiente negociación con las Tvs nos propondrán un pago de únicamente el 41% de lo que han pagado hasta ahora. Así recuperarán el otro 59% íntegro, sin necesidad de paripés nocturnos y, atención señores de La Rueda, prescindiendo de paso de esos autores – colaboradores, ya innecesarios. Esto es lo que tendremos que agradecer a los “solidarios” compañeros de La Rueda, poner en bandeja a las Tvs los argumentos para reducir a menos de la mitad la factura que cada pocos años tenemos que renegociar con ellas.

  EL JUEGO LIMPIO

Lo que hay que hacer no es mantener este “negocio” absurdo contra toda lógica, hay que conseguir que las Tvs reconduzcan su programación de retorno (la recuperación parcial de lo que abonan a la Sgae) hacia la captación de público, que es la única vía natural generadora de derechos de autor. En este sentido, si el retorno tiene como base unas músicas editadas por las propias Tvs pero emitidas en horarios donde hay competencia por índices de audiencia, no habrá nada que objetar, las Tvs son muy libres de apostar por los autores que prefieran para sus productos pero asumiendo los riesgos (en el share) que esas apuestas conlleven.

CORTINAS DE HUMO Y MIEDO

 Aquí está es el único modelo de negocio razonable, el que se basa en la competencia de mercado que es el negocio natural. Un negocio en el que no hay fantasmas de multinacionales conspirando, ni de ex-presidentes buscando venganzas o satisfacciones personales, argumentos con los que, los beneficiados por esta trama, vienen intentando manipular al colectivo autoral, sabedores  del desconcierto y la desorientación que desde la irrupción de la Guardia Civil en 2011 cunde entre los socios. Pero la tozuda realidad de las cuentas y del sentido común es ésta que exponemos aquí, sin mediatizarla por ambiciones económicas personales, como les sucede a una parte de los representantes del Pequeño Derecho de la actual Junta, que obtienen la mayoría de sus ingresos de estos programas. ¿Cómo es posible que nos pretendan convencer de que los derechos de autor no guardan ninguna relación con el impacto público de las obras?, ¿Pero es que alguien que defiende esto puede ser un representante fiable de la gestión colectiva?

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